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Biodiversidad, agua y alimentos: los pilares de la estrategia empresarial en Colombia

Líderes empresariales y académicos se reunieron en Bogotá para debatir cómo acelerar la transición hacia un modelo de desarrollo que combine crecimiento económico con protección de la naturaleza. Descubre qué desafíos enfrenta el país.

Contenido elaborado con apoyo de IAEsta noticia fue elaborada con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial, a partir de información de fuentes periodísticas, y puede ser revisada y editada por el equipo de Noticias Jamundí. Recomendamos verificar los datos clave en las fuentes originales.
MMauro Rodríguez5 min de lectura
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Biodiversidad, agua y alimentos: los pilares de la estrategia empresarial en Colombia

Expertos y líderes empresariales señalaron que la sostenibilidad ha dejado de ser un asunto marginal para convertirse en el centro de las decisiones económicas y estratégicas de las corporaciones en Colombia. Durante la IX Cumbre de Sostenibilidad celebrada en Bogotá, se debatió cómo acelerar la transición hacia un modelo de desarrollo que combine crecimiento económico, competitividad y protección de la biodiversidad, reconociendo que estos elementos no son contradictorios sino complementarios.

Puntos clave

• Entre el 48 y 50 por ciento del PIB colombiano depende de los servicios que provee la naturaleza, según expertos.

• La biodiversidad y el agua pasaron de ser elementos secundarios a activos estratégicos centrales en las decisiones corporativas y financieras.

• Colombia enfrenta brechas críticas: uno de cada 4 ciudadanos vive en inseguridad alimentaria pese a ser el país más biodiverso del mundo.

• La deforestación genera el 60 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el país y es el mayor reto ambiental actual.

Sandra Valenzuela, directora de WWF Colombia, subrayó que entre el 48 y el 50 por ciento del PIB nacional depende directa o indirectamente de los servicios que provee la naturaleza, una cifra comparable al 50-55 por ciento a nivel global. Según la experta, la degradación de ecosistemas como bosques, humedales y arrecifes no solo destruye ambientes naturales, sino que socava directamente la productividad empresarial y la viabilidad de los negocios.

La naturaleza como activo estratégico corporativo

Valenzuela propuso incorporar la naturaleza en el centro de la estrategia corporativa bajo cuatro ejes clave para 2030. El primero apunta a mitigar la volatilidad y riesgos operativos extremos, como sequías e incendios, mediante inversión en capital natural. El segundo busca adaptarse a las nuevas exigencias de inversores y consumidores, quienes ya priorizan la trazabilidad de productos. El tercero considera la licencia social para operar como un activo estratégico basado en la generación de valor para las comunidades. El cuarto eje enfatiza la necesidad de pasar de métricas y acuerdos teóricos a la toma de decisiones y ejecución inmediata.

Alicia Lozano Vila, directora de Relacionamiento del Instituto Humboldt, coincidió en que la biodiversidad ha dejado de ser un componente periférico de los reportes de sostenibilidad para convertirse en un elemento material que afecta directamente a los estados financieros de las empresas, impactando sus costos de capital (capex), gastos operacionales (opex) y flujos de caja. La experta advirtió que la inacción en conservación ambiental se traduce en mayores costos operativos, y rechazó el negacionismo del cambio climático y de las variables ambientales, sociales y de gobernanza (ASG), señalando que los sectores financiero y asegurador están impulsando con fuerza esta incorporación en sus decisiones de inversión.

Los desafíos del consumo responsable y la transición alimentaria

Mónica Villegas, directora de Visión Circular de la Andi, advirtió que aunque existe favorabilidad hacia la sostenibilidad, aún no se ha consolidado un cambio estructural en las compras corporativas. En países emergentes como Colombia, el precio sigue siendo el factor determinante, por encima de los atributos ecológicos. Villegas explicó que los productos sostenibles y circulares operan en desigualdad de condiciones porque ya integran costos de procesos complejos como separación en la fuente, recolección y transformación, mientras que los productos tradicionales no asumen estos costos ambientales. Para cerrar esta brecha, la experta sugirió la intervención de política pública, incentivos económicos y herramientas como los pasaportes digitales europeos de trazabilidad.

En el frente alimentario, Claudia Martínez, directora de E3-Ecología, Economía y Ética y de la Coalición para la Alimentación y Uso del Suelo (FOLU Colombia), presentó un panorama crítico: aunque se produce más alimento que nunca en la historia mundial, 2.300 millones de personas sufren inseguridad alimentaria. En Colombia, esta cifra alcanza aproximadamente el 27 por ciento de la población, lo que significa que uno de cada cuatro colombianos padece inseguridad alimentaria en el país más rico en biodiversidad del mundo.

Martínez detalló que existe una pérdida alarmante de diversidad dietética: aunque existen 30.000 especies de plantas aptas para consumo humano, en Colombia solo se comen alrededor de 120, y apenas tres cultivos —maíz, trigo y arroz— representan el 60 por ciento de la ingesta calórica nacional. Además, los sistemas alimentarios consumen casi el 70 por ciento del agua dulce disponible en el planeta y degradan más del 40 por ciento de los suelos mundiales. Según datos de FOLU citados por la experta, estos sistemas generan 10 billones de dólares en valor al planeta pero le cuestan 12 billones, operando así a pérdida. La solución, sostuvo, radica en transitar hacia la regeneración, entendida como devolver la vida a los lugares donde se ha perdido y asegurar su mantenimiento continuo.

El rol crítico del sector agropecuario y la gestión hídrica

Andrés Zuluaga, director de Conservación de The Nature Conservancy (TNC) Colombia, enfatizó que existe una codependencia mutua entre el sector ambiental y el agropecuario: el primero requiere del segundo para lograr metas de conservación, mientras que la producción de alimentos depende directamente de los beneficios que provee la naturaleza. Zuluaga ilustró esta relación con datos sobre la demanda hídrica: el sector agropecuario consume alrededor del 55 por ciento del recurso hídrico del país, seguido por la hidroenergía con 25 por ciento y el consumo humano con 10 por ciento.

La deforestación emerge como el mayor reto ambiental de Colombia, según Zuluaga, dado que el 60 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero en el país provienen de la deforestación y el uso del suelo. Marcela Quintero, directora general asociada de Estrategia de Investigación e Innovación de la Alianza de Bioversity International y el CIAT, añadió que Colombia ha avanzado más en producción sostenible que en consumo saludable, advirtiendo que el consumo de azúcar duplica el máximo recomendado por persona diaria. La experta indicó que menos del 50 por ciento de la población adulta consume la cantidad recomendada de leguminosas, y citó un estudio en Cali que reveló que el 36 por ciento de las familias no puede acceder a una dieta saludable debido a sus ingresos.

Quintero hizo un llamado al nuevo gobierno para utilizar la ciencia, la innovación y los sistemas de trazabilidad existentes en temas como cero deforestación. Enfatizó que Colombia dispone de más de 40 millones de hectáreas de frontera agrícola sin explotar, por lo que la dicotomía entre producción y sostenibilidad no debe existir. En el panel dedicado al agua, Ghisliane Echeverry Prieto, directora general del Ideam (Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales), destacó que el país ha fortalecido significativamente sus capacidades de monitoreo ambiental mediante nuevas tecnologías y mejor articulación institucional. Sin embargo, reconoció que aún existen retos para alcanzar mayor precisión territorial en los sistemas de monitoreo y alerta, así como para mejorar la divulgación de información hacia los territorios.

Echeverry explicó que la diversidad climática de Colombia determina que, en esta época del año, la región Andina y el Caribe registren altas temperaturas y bajas precipitaciones, mientras que la Orinoquía y la Amazonía atraviesan su temporada de lluvias. No obstante, advirtió que esta variabilidad natural se está intensificando por efecto del cambio climático, lo que requiere de sistemas más robustos de información y respuesta institucional para los territorios.

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Etiquetas:#Judiciales#NoticiasJamundí
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Autor

Mauro Rodríguez

Equipo editorial de Noticias Jamundí. Información local, regional y nacional verificada para Jamundí, el Valle del Cauca y Colombia.

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